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Pagar para bailar es una costumbre de un siglo

miércoles, febrero 20 del 2013

El artista Shaun Leonardo, al centro, bailando con una mujer que le pagó $2. Foto Javier Castaño

El artista Shaun Leonardo, al centro, bailando con una mujer que le pagó $2. Foto Javier Castaño

Las mujeres pagaron $2 para bailar una canción. Los hombres, en traje formal, aceptaron la oferta con mucho entusiasmo. La fiesta fue organizada por el artista Shaun Leonardo en el primer piso de la Torre del Reloj, en Queens Plaza, en donde se realizar la exhibición ¿Cuánto le debo?

Leonardo exhibe allí su arte y entonces decidió organizar una fiesta al estilo de los bares en la Avenida Roosevelt, en donde los hombres pagan $2 para bailar con una mujer una canción de bachata, cumbia, merengue o americana. Bailar una canción de ‘perreo’ cuesta $3 y si quiere bailar por una hora seguida con una mujer, entonces el hombre debe pagar $40. Un trago cuesta en promedio $8.

“Decidimos hacer una fiesta al revés, que las mujeres pagaran por bailar”, dijo Leonardo. “Esta es una práctica en las comunidades latinas y debemos cambiar la actitud machista de los hombres que van a estos clubes a exhibir su hombría”.

La exhibición de arte y el baile fue organizado por No Longer Empty, una entidad pública dedicada a promover el arte en la ciudad de Nueva York.

Leonardo dijo que esta práctica se conoce en Queens con el nombre de Tiki Tiki, pero no hay evidencias de que así sea. También dijo que en Centroamérica se conoce con el nombre de Mesera Club, mientras que en México recibe el nombre de Fichera Club.

“Es una práctica muy popular en Queens y sobre todo en esta zona en donde hay muchos strip clubs”, dijo Leonardo, de origen dominicano y guatemalteco.

Taxi Dance

Sin embargo, esta práctica no comenzó con los latinos en los Estados Unidos. Inició hace exactamente un siglo en el vecindario Barbary Coast de la ciudad de San Francisco. Vendían licor y bailar con una mujer costaba 10 centavos por canción. Estos lugares se llamaban Taxi Dance y se popularizaron en otras ciudades como Los Angeles, Chicago y Nueva York.

Pero en 1920 llegó la Prohibición y no vendieron mas licor. Entonces muchas de las escuelas de baile, para poder sobrevivir, comenzaron a incurrir en esta práctica de Taxi Dance.

En 1931 en la ciudad de Nueva York habían más de 100 clubes de Taxi Dance y alrededor de 40,000 hombres acudían cada semana a buscar mujeres para bailar. En ese entonces el club Maxim ofrecía hombres para que bailaran con mujeres y Rodolph Valentino comenzó allí sus conquistas.

A estos Taxi Dance acudían personas de todo tipo, inclusive con impedimentos físicos porque era obligación atenderlos. Entre los clientes predominaban italianos, polacos, griegos y judíos. Detrás de las puertas cerradas ocurría de todo, inclusive sexo, y organizaciones comunitarias se quejaron de esta práctica con el fin de clausurar estos clubes.

El Club Roseland de la calle 52 en Manhattan y de propiedad de Louis Brecker, al principio no aceptaba clientes negros y luego se convirtió en un centro de jazz en donde se presentaron leyendas afroamericanas como Louis Armstrong y Ella Fitzgerald.

Para enfrentar las crisis económicas, en los años 50 Brecker popularizó las ‘maratones de bailes’ y las exhibiciones de yo-yo. Inclusive institucionalizó la práctica de pagar 11 centavos para bailar con una mujer, o $1.50 por media hora de baile. F. Scott Fitzgerald escribió varios textos sobre esta práctica de Taxi Dance en el Club Roseland de Manhattan.

Una mujer bailando y dos hombres esperando que los saquen a bailar.

Una mujer bailando y dos hombres esperando que los saquen a bailar.

Los latinos

En los años 80, la guerra en Centroamérica obligó a miles de hombre a buscar refugio en los Estados Unidos y muchos terminaron en la ciudad de Nueva York. Habían fiestas en las cuales escaseaban las mujeres y por eso fue necesario crear clubes para que los hombres tuvieran la oportunidad de pagar para bailar con mujeres. Una práctica idéntica a la del Taxi Dance de comienzos del siglo pasado.

En la Avenida Roosevelt y otros sitios de la ciudad de Nueva York, los inmigrantes latinos buscan mujeres para bailar, conseguir pareja, recordar a las esposas o novias de dejaron en Latinoamérica, satisfacer necesidades biológicas u oler el perfume de una mujer extraña y hermosa. A ritmo de cumbia o ‘perreo’.

En lugar de mujeres italianas, judías o polacas de aquel entonces, ahora predominan las dominicanas, mexicanas, puertorriqueñas, ecuatorianas y colombianas. También hay hombres de turbante que buscan el calor de las latinas. La historia se repite.

Javier Castaño

Comments (1)

  • Arturo Ignacio Sanchez
    febrero 18, 2013 at 7:09 am |

    Great discussion on Taxi Dancers, immigrants, and the academic scholarship that emerged out of the Chicago School of Sociology during the first quarter of the 20th century. The historical context, regarding these practices and driving the article, demystifies the stereotypical discourse that demonizes contemporary Spanish language immigrants along the Roosevelt Avenue corridor.

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